La otra cara del regreso

15.06.2020

Un Reale Arena vacío, un ambiente descafeinado, un partido gris, y unas sensaciones mejorables en la vuelta al fútbol de la Real Sociedad.


Volvía a rodar el esférico en Donostia tras meses de confinamiento, algo que sin duda ha pasado factura al conjunto txuriurdin. Los pupilos de Imanol Alguacil, como todos los demás equipos de la competición, necesitan rodaje para volver a encontrar esas excelentes sensaciones que tanto han añorado durante este parón. Volver a reencontrarse con ese buen fútbol que levantaba al aficionado del asiento cada vez que visitaba Anoeta, como si Odegaard, Merino y compañía dirigiesen una orquesta que sonaba a las mil maravillas. Sin embargo, esa orquesta, esa máquina de crear fútbol está aún por engrasar después de estos meses en los que se ha bajado el telón.

El partido ante Osasuna fue un claro ejemplo y anticipo de lo que puede ocurrir a esos equipos que venían en una buena dinámica. Reaparecer en escena tras tanto tiempo y ofrecer el mismo nivel fue y será complicado de ahora en adelante. Ahora volviendo al encuentro liguero ante los navarros: Jagoba Arrasate planteó un partido diseñado específicamente para debilitar y anular el juego del adversario, por lo que el plan funcionó a la perfección. Se hizo fuerte el técnico a la hora de diseñar un choque de estilos que claramente favoreció a los rojillos. Ganó el entrenador vizcaíno en la pizarra a un Imanol desconcertado.



Intentando constantemente implantar ese juego, ese dominio en base a la posesión que tantos éxitos ha brindado al cuadro txuriurdin este año, pero frente al entramado navarro, formado por una decena de futbolistas bien ordenados, fue imposible. Percutir por banda fue la alternativa que buscaron los locales, un "plan B" que tampoco funcionó, debido al gran papel de Nacho Vidal y Pervis Estupiñán, que además de ser dos puñales en ataque, ofrecieron ayudas constantes. La Real Sociedad se encontraba en una difícil tesitura, pese a que el gol del capitán Mikel Oyarzabal fuese un pequeño rayo de luz en el camino hacia la remontada.

"Empate y gracias." Es lo que dirían la mayoría de realzales cuando Cordero Vega indicó el final del encuentro. Primero un ligero despiste de Remiro que seguramente lo lamentara media Gipuzkoa, a alguno que otro se le pararía el corazón por segundos. Por último, el taconazo cruzado de un Brasanac desatado, que estuvo apunto de dar la campanada. En conclusión, este sprint final por la Champions se presenta como una oportunidad ideal para la Real Sociedad; la opción de volver a competición europea y ingresar una gran cantidad de dinero. Mal primer partido, pero margen de mejora evidente que tendrá que pulir de cara al partido en Mendizorroza.

Sean Ituarte